José termina de subir las
cajas a la parte trasera de la pick up, da media vuelta y en un solo movimiento
levanta a su hija, la pequeña Jimena, para acomodarla en un espacio que ha
quedado libre no sin antes besarle con cariño las mejillas.
Han pasado ya 2 semanas desde
que Lauro, primo de José, le propuso viajar a la capital para buscar la
seguridad y el trabajo que en el pueblo no tienen.
Lauro se sienta en el lugar
del chofer y enciende la vieja camioneta que
de inmediato empieza a rechinar por completo. En la parte delantera
viaja la abuela Matilde, acompañada de María, la esposa de José que cumple 6
meses de embarazo mientras que en la cabina descubierta se encuentran Jimena y
su padre.
Han iniciado el recorrido y
los ojos de la abuela se enrojecen mientras los recuerdos le vienen a la mente,
sus días de la niñez, su boda y sus muertos enterrados en la tierra que le vio
nacer.
Por su parte, José da una
última mirada discreta hacia atrás tratando de esconder la tristeza que le
causa el dejar su humilde hogar y el coraje de saber que quienes debieran
procurar por su bienestar les han abandonado a su suerte. Por el contrario,
Jimena refleja en su rostro la emoción innata que una niña de 5 años siente al
emprender su primer viaje fuera de su poblado.
Durante los últimos 15 días,
José ha reflexionado mucho sobre la idea de salir de su casa. Sin embargo, sus
titubeos fueron superados por el miedo que provocan los grupos de delincuentes
que se han apoderado de su comunidad. La seguridad de su familia está por
encima de todo y basado en eso, la migración a la capital le ha dejado de sonar
como algo descabellado.
El antiguo vehículo de la
familia ya se ha internado en el camino de terracería y con ello Jimena
experimenta pequeños saltos que la hacen sonreír.
“La pequeña princesa” (así le
llama su papá), acaba de cumplir 5 años, provista de una enorme inteligencia
tomó algunas clases de educación preescolar que impartieron algunos jóvenes
voluntarios, los cuales por cierto, fueron expulsados por la violencia que se
vive en esa zona.
Su padre le ha dicho que irán
a vivir a un lugar muy bonito en donde podrá estudiar y jugar sin el temor de
ser alcanzada por una bala. Para el viaje, su madre siempre cálida, le ha
cosido una muñeca de trapo con algunos retazos de tela para que le sirva de
acompañante de viaje.
Lo agreste del camino
combinado con el paupérrimo estado de la camioneta, hace que la velocidad a la
que viajan sea verdaderamente lenta. Sumado a lo anterior y para complicar aún más el trayecto que
planean sea de casi 4 horas, el clima es bastante caluroso.
La abuela ha entrecerrado los
ojos intentando dormir mientras que María voltea continuamente a la parte
trasera para saludar con una sonrisa a su hija y esposo.
Jimena ha comenzado a platicar
con su muñeca de trapo, le habla de su hermanito que nacerá en unos meses y
termina explicándole que se dirigen a una ciudad donde hay casas muy grandes, -¡casi
como castillos!- exclama.
Sus grandes ojos expresan la
admiración que siente por sus padres, los ama y en cuanta oportunidad tiene se
los hace saber. -¡Papi! Mira ese árbol, es muy grande igual que tú- grita
emocionada. José esboza un gesto de admiración mientras le acerca una botella
para que beba un poco de agua.
Ha transcurrido poco más de 1
hora desde que salieron del pueblo. Ahora la abuela ronca casi al mismo ritmo
que la camioneta rechina, María pela un par de aguacates para repartirlos y que
la familia coma algo, Lauro con la mirada clavada en el camino empieza a
resentir el cansancio de estar al volante, Jimena duerme recostada en una caja
y José continúa pensando en el futuro que espera tener.
María pide a Lauro detenga la
marcha del auto para estirar un poco las piernas y comer un poco de aguacate
con tortilla. Lauro se regocija con la idea y se aparta del camino para hacer
una merecida pausa. Después de ser despertada cariñosamente por su padre,
Jimena se talla los ojos y de inmediato observa a su madre que le extiende un
apetitoso taco.
Al término de la improvisada
comida se disponen a proseguir con su viaje; de pronto y como salidos de la nada,
escuchan el ruido propio de autos cuyas llantas pisan el pedregoso camino.
Son 2 camionetas casi nuevas
piensa Lauro al verlas acercarse. Al llegar al lugar donde se encuentra la
familia, se detienen y de ellas descienden al menos 6 hombres. -¿A dónde van?
¿De dónde vienen?- pregunta uno de ellos. –A la capital, venimos del pueblo-
responde José al tiempo que con la mano trata de esconder a Jimena detrás de
él.
Algunos de los hombres revisan
la camioneta mientras que los otros miran con los ojos enrojecidos a la
familia. -¿No será que van a chillar con el ejército?- vuelve a cuestionarles
el que parece ser el líder del grupo. –No señor, vamos a buscar trabajo a la
capital- responde Lauro.
Han terminado de revisar la
vieja pick up. –Las mujeres y la niña se van, ustedes dos se quedan con
nosotros- dice el cabecilla mientras señala a José y a Lauro.
Jimena ha empezado a llorar
mientras María ruega le permitan continuar el viaje a todos juntos. A lo lejos
se alcanza a escuchar el ruido de las aspas de un helicóptero que parece poner
nerviosos a los hombres que ahora amagan con armas a la familia.
A una señal del tipo que ha
hecho las preguntas, uno de los acosadores dispara a mansalva contra Lauro. Lo
siguiente son gritos, quejidos, suplicas y de pronto una lluvia de
detonaciones.
La familia yace en el piso,
han sido acribillados por el simple hecho de buscar un futuro sin violencia,
por soñar con un lugar donde vivir sin miedo, sin hambre.
Una familia como muchas otras
que han tenido la desgracia de vivir en un lugar donde la autoridad no es capaz
de protegerles, donde la esperanza se asesina impunemente y donde la sociedad
no mira para no darse cuenta de su propia podredumbre.
Ahí murió Jimena, abrazando a
su padre y a esa muñeca de trapo a la que ya no podrá presentarle a su
hermanito ni mostrarle las grandes casas, ¡Casi como castillos!
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

Excelente! muchas felicidades!
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