Mientras camina, la
noche cae y con ella la premura de quienes retornan ansiosos a sus hogares
después de la jornada laboral. La avenida principal comienza a iluminarse al
tiempo que la luna hace lo propio desde lo alto como recordatorio de que un día
más está por concluir.
Miriam apenas rebasa los 19 años de edad, hace 2 su vida cambió
repentinamente al saberse embarazada. Su niñez había sido difícil debido a los
incontables problemas familiares, su padre con problemas de alcoholismo
falleció cuando ella tenía 4 años, por lo que su madre hubo de dedicarse a
trabajar de sol a sol para mantener a 4 hijos. En la escuela no fue
precisamente una buena estudiante y con mucha dificultad pudo terminar el
segundo grado de secundaria. Fue después de ello cuando entró a trabajar en una
fábrica de cosméticos, en donde por cierto conoció a quien sería su primer y
único novio.
Recorre la avenida sin rumbo fijo, su mirada es afligida, es fácil
notarla pues continuamente voltea hacia los costados. Sus ropas denotan la precariedad,
sus zapatos los kilómetros andados por las aceras y su esbelta figura los
ayunos involuntarios. Sus pasos son lentos, casi rasposos, sus manos se
aprietan constantemente haciendo que sus nudillos sobresalgan punzantes
mientras aprieta la quijada emitiendo un sonido similar al de sus pisadas.
En la fábrica donde laboraba encontró a Fernando, un joven de su
misma edad que la flechó desde el primer día. Con él inició un noviazgo que iba
desde las miradas cariñosas hasta los encuentros furtivos en alguna calle
oscura. Con Fernando compartía el dolor de la violencia intrafamiliar, del
abandono y la desesperanza. En él encontró la atención que su madre no podía
darle pero sobretodo los sueños de un futuro mejor.
Sin embargo, todo se derrumbó el día en que ella se supo
embarazada. Fernando no volvió a su trabajo, Miriam lo buscó en su casa y ahí
le informaron que se había ido de “mojado” a los Estados Unidos invitado por un
pariente que allá radicaba.
Su boca emite algunos gemidos que parecieran contener palabras, la
noche se ha hecho cada vez más intensa y sin darse cuenta se halla frente a una
iglesia. Voltea a su cúspide donde se encuentra una gran cruz y casi de
inmediato cierra los ojos tratando de recordar sin éxito a cuantas ha entrado
de rodillas en las últimas 2 semanas.
-Su bebé ha sido una mujercita- Le ha dicho la enfermera del
precario hospital donde ha dado a luz, sus ojos se cristalizan de inmediato al
pensar en el futuro que le espera.
No obstante, la fuerza innata que provoca la maternidad la lleva a
luchar por ese pequeño ser que la vida le ha encomendado.
Al terminar su convalecencia vuelve a trabajar a la fábrica
mientras encarga el cuidado de Esperanza (con ese nombre ha llamado a su hija)
con una vecina pues su madre se ha negado a hacerlo.
Su garganta vuelve a sentir esa horrible obstrucción que no le
permite articular palabra, sus ojos intentan humedecerse sin éxito pues
pareciera que se han secado, en su mente revolotea el recuerdo de aquella noche
en que su vecina le esperaba en la puerta de la vieja vecindad para decirle que
mientras caminaba hacia la tienda de abarrotes, su hija le había sido
arrebatada por un par de individuos.
La sensación, esa maldita sensación de sentir que de pronto se
encuentra en un tobogán que no tiene fin, los ecos de las voces que
estúpidamente le preguntan si se siente bien y ese vacío interior que no se
llena con nada, le recuerdan que debe seguir su solitario camino en búsqueda de
su pequeña gran Esperanza.
Autor: Rubén Salazar E.
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

:(
ResponderEliminarExcelente!!! como los anteriores, refleja una realidad penosa y triste desgraciadamente de nuestra sociedad en dos aspectos, la falta de responsabilidad del padre que abandona y por otro lado el arrebato de un ser inocente destinada a un futuro incierto y nada prometedor, otra victima la joven madre que con escasos recursos de todo tipo llevará toda su vida clavada una espina de dolor en el corazón. Un corazón partido.
ResponderEliminarMagistral la escritura, la descripción del ambiente transporta física y emocionalmente a la realidad empática de la protagonista provocando sentimientos de impotencia y compasión.
Espero con ansia próxima entrega!!!
Paty Salazar
¡Muchas gracias Paty! Un abrazo
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