A menos de un mes de que se lleven a cabo las elecciones intermedias
en el país, los partidos políticos y sus candidatos no muestran nada bueno que
resaltar.
Echemos un breve vistazo para comprobarlo.
A partir de que Felipe Calderón concluyó su mandato, el PAN se
convirtió en un ente sin rumbo. Los escándalos de las fiestas privadas con
edecanes, las sospechas de corrupción y la lucha sin cuartel por la presidencia
del partido, vinieron a hacer patente la descomposición institucional que ellos
tanto criticaron en otras épocas.
El PAN está en un momento crítico, los valores y la filosofía que en
algún tiempo enarboló han quedado en segundo término, pues hoy desde su
dirigencia, lo único que se manifiesta es la soberbia que provoca el poder.
Por su parte, el PRI está inmerso en el marasmo de los errores
cometidos por Peña Nieto, los acontecimientos violentos, las muestras de
incompetencia para hacer frente a los desafíos y los millonarios desplantes de
algunos de sus colaboradores y hasta de su esposa.
La sombra de la corrupción que siempre le ha acompañado al tricolor
sigue ahí, en la percepción de un amplio sector de la sociedad que ve con justa
desconfianza al partido que en gran medida, es responsable de la miseria y la
descomposición en las que por décadas hemos vivido los mexicanos.
Para el PRD las cosas no pintan nada bien. Su capital político ha
quedado menguado por la salida del partido de figuras otrora representativas.
De igual forma, su imagen ha quedado marcada por la violencia y la corrupción,
específicamente por el hecho de que el alcalde de Iguala y el gobernador de
Guerrero fueron candidatos del sol azteca, y como bien sabemos en su actuar no
hay nada que presumir.
Ciudadanos de izquierda que alguna vez los vieron como opción hoy
voltean a ver a otros horizontes y a pesar de que seguramente en la Ciudad de
México ganarán la mayoría de los puestos en disputa, esto solo será resultado
del clientelismo que aún sostienen en la capital.
Otro contendiente es MORENA, partido propiedad de un solo hombre,
Andrés Manuel López Obrador. MORENA es el resultado de varios factores entre
los que se encuentran: el ansia desmedida de poder de su dirigente y las
guerras internas en el PRD.
La estrategia de López Obrador es simple, utiliza al partido para hacerse
de recursos e iniciar su tercera campaña presidencial.
El desgastado discurso de “si gano es legal pero si pierdo fue
fraude”, el reto a las instituciones y la postura mesiánica siguen siendo su
bandera y seguramente su tumba política. Si bien alcanzará los votos
suficientes para mantener el registro, estos no le alcanzarán para posicionarse
como la primera fuerza de izquierda en el país y a la postre hará que AMLO
continúe cayendo en las simpatías de los electores.
Por último tenemos a esos partidos que viven del membrete y en cada
elección se juegan su permanencia en las boletas.
El PVEM, propiedad de una familia y que a partir de su creación se ha
dedicado a aliarse con el mejor postor para sobrevivir.
El PT, partido que en su momento fue patrocinado por Raúl Salinas de
Gortari, se hace llamar de izquierda pero que no tiene empacho en aliarse con
el PAN para continuar obteniendo prebendas.
Movimiento Ciudadano, hoy su capital político lo apuestan a la
desgastada figura de Marcelo Ebrard sobre quien recaen sospechas de corrupción
en la construcción de la línea 12 del metro.
El Humanista y Encuentro Social serán solo parte de la boleta y
difícilmente los veremos en otra ocasión.
En fin, ahí están las opciones, institutos políticos que se han ganado
a pulso la desconfianza de la sociedad y que son corresponsables de los tiempos
tan complicados que padece el país.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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