Pasadas las elecciones vienen las reflexiones, los análisis y las
críticas hacia los partidos, candidatos y votantes.
En ese contexto, sigo leyendo y escuchando las consabidas expresiones
de: “Pueblo tonto”, “Televisa te idiotiza”, “Tenemos el gobierno que merecemos”
y demás descalificaciones dirigidas hacia la ciudadanía en general.
En lo personal no comparto la afirmación de los teóricos de la
conspiración en el sentido de que los destinos del país los maneja Emilio
Azcárraga desde su oficina, y que quienes nos sentamos frente al televisor
somos víctimas de un hipnotismo malévolo que nos hace ir a las urnas a votar
por un partido en particular.
Si bien es cierto que aún existe un sector de la sociedad que puede
ser influenciado por los medios de comunicación, este es cada vez menor.
Aquellos tiempos en los que Jacobo Zabludovsky tenía el monopolio de la verdad
informativa han quedado muy atrás.
Hoy podemos encontrar infinidad de opciones en prensa escrita, en las
frecuencias radiofónicas y televisivas, y por supuesto en los medios
alternativos como el Internet y las redes sociales.
La lectura de los recientes comicios es clara, la ciudadanía castigó a
los partidos políticos que han demostrado su incapacidad y/o corrupción a la
hora de gobernar.
Ejemplos hay muchos, en Nuevo León un candidato independiente avasalló
al PRI y al PAN, en Guerrero el PRD
perdió la gubernatura en gran medida por los acontecimientos de Iguala, En
Michoacán el PRI fue echado del gobierno después de conocer los vínculos del ex
gobernador y su familia con el crimen organizado. De igual forma, en Sonora las
corruptelas del gobernador panista fue recriminada vía las urnas y en el
Distrito Federal el PRD pagó caro sus errores siendo beneficiario de ello,
MORENA, el partido de López Obrador que le ha quitado delegaciones y curules.
Con lo anterior queda demostrado que el votante no es un ente sin
decisión propia y que la sociedad está mucho más politizada de lo que algunos
creen.
Que la verdad absoluta no está en el noticiario de López Dóriga, en el
programa de Ciro Gómez Leyva o en la voz de Carmen Aristegui. No, las verdades
están en el día a día del ciudadano, en su trabajo, en su escuela y en su
comunidad, pues ahí no hay telenovela o juego de futbol que cubra la realidad.
Denigrar la capacidad reflexiva de la ciudadanía es un boomerang,
aquellos que continúan menospreciándola tarde o temprano terminaran siendo
señalados.
Subestimar a la sociedad mexicana es negar el hecho de que si este
país sigue de pie es principalmente gracias a ella.
Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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