martes, 16 de junio de 2015

CARTA AL PAN

A los panistas:

Me dirijo a ustedes para compartir este texto.

Crecí escuchando a mi padre hablar de Acción Nacional. Siempre apasionado, explicaba de manera convincente que el PAN era por mucho el único partido político que representaba una verdadera oposición y la más viable opción para derrocar al corrupto régimen que representaba el PRI.

Mi padre no era militante panista pero lo parecía. Defendía con ahínco la filosofía que enarbolaba el partido. La defensa de la familia, el progreso económico y sobre todo el discurso de un México mejor, eran algunos de los puntos con los que él coincidía plenamente.

En ese ambiente familiar llegué a la mayoría de edad en 1988 y con ello a mi primera participación en unas votaciones. Para ese entonces yo ya también simpatizaba con Acción Nacional.

En aquel tiempo me impresionó la fuerza que transmitía Manuel Clouthier. Su manera de encarar y retar al sistema basado en el debate de ideas, su elocuencia guerrera y su incansable andar por el país era admirable.

Para 1994 y con gran entusiasmo asistí a las urnas soñando con que por fin el PAN gobernaría el país. Diego Fernández, líder por naturaleza, de oratoria prodigiosa y duro carácter. “El Jefe Diego” fue la perfecta continuidad de la figura de “Maquío”.

A partir de 1988 el avance electoral de Acción Nacional había sido relevante pero aún faltaba aquello que millones de mexicanos deseábamos, la caída del PRI. Así llegaríamos al año 2000.

Juntos, mi padre y yo, fuimos testigos de que con un discurso político atípico, dicharachero y retador, Vicente Fox logró conquistar las simpatías del electorado que vio en él al personaje que lograría sacar al dinosaurio del poder. Y así ocurrió.

Al igual que en miles de hogares, el triunfo del PAN lo festejamos en casa. Por fin el PRI había sido derrotado gracias a la intensa y larga lucha dada por los líderes y ciudadanos afines a Acción Nacional.
En ese momento y para desgracia del país, lo que no sabíamos es que ahí iniciaba la debacle del panismo.

Después de 6 años de promesas incumplidas, de los escándalos y de las primeras muestras de guerras intestinas dentro del partido, el PAN se encontró en el 2006 con una fuerte competencia pero sobre todo con nefastas prácticas internas que antes eran despreciadas.
Aun así y por un muy pequeño margen de distancia, Felipe Calderón consiguió mantener al partido dentro de los pinos.

Mi padre falleció en 2005 y ya no pudo atestiguar como Calderón, a base de tenacidad, de una agresiva campaña y un discurso bien articulado, no solo compitió contra el arrastre de López Obrador y “las habilidades” electoreras del PRI, a él le tocó enfrentar a un sector del panismo que enviciado con el poder se comportaba como aquel priísmo al cual se había derrotado.

La estrepitosa derrota en 2012 solo vino a terminar con aquel partido que un día fue la opción de un amplio sector social.
Hoy poco queda de ese PAN al que con vehemencia mi padre defendía y promovía. Las figuras con liderazgo como Margarita Zavala son boicoteadas, la dirigencia se comporta al más puro estilo del PRI ochentero y los ideales están guardados en algún viejo archivero.
¿Dónde está aquel PAN de la sapiencia Luis H. Álvarez, de la combatividad de Clouthier, de la elocuencia de Diego Fernández, de la vivacidad de Fox y de la tenacidad de Calderón?

No comparto la idea de “la refundación”, creo en los liderazgos que aun militan en Acción Nacional y en los ciudadanos que crecimos con la idea de que ese partido merece nuestro apoyo. Esos liderazgos son los que deben abrir las puertas a aquellos que todavía creemos que el camino se puede recorrer.


México requiere hoy más que nunca un PAN sólido no a una franquicia elitista y corrupta.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

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