jueves, 14 de agosto de 2014

LOS FONDOS Y NO LAS FORMAS DE LA FIESTA

A Héctor Estrada por su confianza
  
Los videos que recientemente se han dado a conocer en donde se observa a destacados miembros del Partido Acción Nacional (PAN) en plena pachanga, han desatado una enorme cantidad de reacciones en medios de comunicación y en la sociedad que se siente ofendida ante el festivo actuar de dichos políticos.
El malestar es evidente, pero en realidad no creo que lo que nuestros políticos hagan en su vida privada sea de incumbencia pública.

Sin embargo, considero que el verdadero conflicto radica en lo que rodea a la bacanal en cuestión.
En primer lugar, sabemos que en esos días se encontraban “trabajando” en una reunión de su partido en la que se preparaba la estrategia a seguir con respecto a los posicionamientos que adoptarían en la discusión de las reformas propuestas por el presidente de la república.
Es obvio que a dicho encuentro (por lo menos en una ocasión) llegaron con sendas resacas, lo cual por lógica, no les debe haber permitido concentrarse en lo que ahí se planteó, por lo tanto, y como acostumbran, seguramente fueron sus asesores los que en realidad atendieron los discursos.

Por otra parte tenemos el dispendio de recursos.
La renta de la casa en donde se celebró el jolgorio panista es de alrededor de 50 mil pesos por noche, a eso hay que sumarle los honorarios de los músicos que amenizaron la tertulia, meseros y las hermosas acompañantes que acompañaban a los “fiesteros”.
¿De dónde salió tal cantidad de dinero?  Si fue de sus sueldos la verdad es que no lo vería tan mal, pues a pesar de que en su gran mayoría no lo desquitan, estaríamos hablando de que por lo menos les debe haber dolido un poco mirar su cartera al día siguiente. Lo grave sería si esos billetes vienen del pago de prebendas, corruptelas y/o de actividades relacionadas con el crimen organizado. Si ese es el caso, el evento de “esparcimiento” blanquiazul debería pasar de simple anécdota a responsabilidades judiciales.

Por último, está la parte que considero más deleznable e incongruente de lo que aconteció en dicho evento.
El problema de trata de personas y explotación sexual en México es extremadamente grave, se conocen infinidad de casos que dan constancia de ello, y se supone que por ese motivo los legisladores aprobaron leyes con las que se deben combatir dichos delitos.
A pesar de lo anterior, los personajes políticos que aparecen en el video se hicieron de los servicios de jóvenes mujeres que se sabe son bailarinas de centros nocturnos. Es decir, los  mismos que en público se desgarran las vestiduras y mandan cerrar antros aduciendo que en esos lugares se comenten delitos de todo tipo, en privado contratan para su “esparcimiento” a las chicas que supuestamente protegen.
Así que, eso que hicieron los panistas parranderos es un delito de acuerdo a lo que ellos mismos han legislado, y como tal, debe ser investigado y castigado.


El absurdo lenguaje de los que se dan golpes de pecho, de las conciencias moralistas y de los oportunistas carroñeros no son más que hipocresías. Lo importante es exigir que se esclarezca el origen de la billetiza que se utilizó y se castigue conforme a la ley a quienes contrataron a las muchachas que aparecen en la grabación. No hay más.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: Ruben_Salazar

jueves, 5 de junio de 2014

ABC, 5 AÑOS

En México somos muy dados a quejarnos por la corrupción. Que si el político gana miles de pesos por dormir en su curul, que si el presidente municipal se roba hasta las sillas de la oficina que ocupa, que si el policía acepta dadivas a cambio de no infraccionar, etc.
Y así podemos enumerar cientos de situaciones corruptas que acontecen diariamente en el país, sin que las lamentaciones tengan algún efecto para erradicar dichas prácticas.

Sin embargo, cuando esa corrupción provoca muertes, muertes de niños, muertes de inocentes, las quejas se transmutan en rabia, en impotencia y por supuesto en una enorme tristeza.

Hoy, hace 5 años, 49 pequeños murieron y más de 70 resultaron con lesiones graves en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora. Sus incipientes vidas se apagaron de tajo precisamente por esa corrupción de la que nos quejamos y de la que en no pocas ocasiones somos partícipes.

¿Cómo explicar a una madre de familia que su bebé murió por la incapacidad, la indolencia y los intereses de gente sin escrúpulos?
No hay forma, simplemente no alcanzarían las palabras para explicarle que a su hijo lo asesinó la corrupción y que esa misma podredumbre no permite castigar ejemplarmente a todos y cada uno de quienes en menor o mayor grado, encendieron la guardería con el fuego que surge del  desprecio hacia sus conciudadanos.

Empresarios que solo buscan enriquecerse a toda costa, gobernantes cuyo poder los embriaga al punto de menospreciar la vida de quienes los eligieron, servidores públicos incapaces de dar el extra en sus labores y sectores de la sociedad civil que prefieren voltear hacia otro lado para no mirar la desgracia ajena. Todos son culpables de homicidio, sí, del asesinato de los inocentes que tuvieron la desgracia de haber nacido dentro de un sistema podrido, impune y despreciable.

Hoy se cumplen 5 años de aquel funesto día, y como en aquel entonces declarara el indigno gobernador de Sonora, Eduardo Bours, todos los culpables (incluyéndolo a él) siguen “durmiendo como bebés”.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

viernes, 30 de mayo de 2014

DEL MIEDO A LA PASIÓN

A mi hijo por su permanente pasión

En cuanto bajamos del auto, empieza a llegar a mis oídos el murmullo delirante.
Mi padre me ha dicho que no me separe de él pues corro el riesgo de extraviarme, así que lo tomo con fuerza de su mano. 
Conforme avanzamos, crece en mí la temerosa sensación de enfrentarme a lo desconocido.

El monstruo de concreto que se encuentra frente a mí es impactante, totalmente gris, con rampas que desde fuera parecen laberintos, y ese gruñido, sí, ese espeluznante quejido que surge desde sus adentros inmoviliza, hipnotiza.
Aprieto aún más fuerte la mano de mi viejo.

Después de sortear algunos obstáculos ya nos encontramos dentro del gigante. Mi padre ha encendido un cigarrillo, lo cual es muestra inequívoca de nerviosismo, nerviosismo que automáticamente amplifica el mío.

Avanzamos a paso veloz por las rampas, al tiempo que mi estomago se contrae por el pensamiento de estar dentro de una de esas pesadillas en donde no hay salida alguna para escapar del fantasma en turno.

Mi corazón acompaña las aceleradas zancadas que cientos de siluetas dan a nuestro alrededor. Por su parte, el gigante de color gris se cimbra con cada clamor que él mismo emite.
Después del frenético recorrido, hemos llegado a algo que parece la entrada a las entrañas de la gran bestia.
Para entonces, mi mano es ya una extensión de la de mi padre.

Internarse al vientre del descomunal ente me lleva a sentir eso a lo que llaman Deja Vu, pues siento haber experimentado esa vivencia con anterioridad.
Ya dentro, siento con molestia como el sol baña con intensidad el ambiente, literalmente quema.
Mi viejo extiende un dedo hacia el centro y me percato que lo que podría ser algo así como el corazón del coloso, es de color verde con delgadas venas blancas que resaltan formando figuras perfectamente geométricas.

Nos hemos sentado y de pronto aparecen de por debajo del verdoso núcleo varios hombres que enfundados en originales vestimentas corren al centro. Es en ese momento que el rugido cimbra la propia estructura monumental.
Ahora tomo a mi padre del antebrazo y alcanzo a distinguir una leve sonrisa en sus labios.

Los hombres que se encuentran en el centro han comenzado a patear de un lado a otro lo que imagino es una esfera mágica. Son gladiadores, pienso mientras que casi sin percibirlo, el miedo ha cesado casi por completo.

De pronto, un grito unánime, una palabra, observo a mi alrededor y me doy cuenta que hay cientos, tal vez miles de personas que actúan como si alguien o algo los dirigiera, es una exclamación jubilosa, uniforme, pero sobre todo apasionada.
Esa palabra que ensordece, me provoca otro Deja Vu que me traslada a la pelota que mi madre me regalo apenas hace unos días cuando cumplí 5 años, a esa playera que mi abuelo me obsequió y a esos guantes que tanto trabajo me cuesta enfundar.

Los gladiadores se han marchado, la gente poco a poco abandona las entrañas del monstruo y yo ya no siento temor.

Ahora solo deseo estar ahí el próximo domingo, contemplando la magnificencia del estadio, recorriendo sus pasillos, mirando un buen juego de fútbol y gritando gol tomado de la mano de mi padre.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

miércoles, 26 de marzo de 2014

LAS BARRAS, EL MONSTRUO FUTBOLERO

La violencia en las tribunas de los estadios del fútbol mexicano no es nueva. Sin embargo, a partir de la importación vía Sudamérica de las llamadas barras, es que los desmanes se han incrementado de manera exponencial.
Las barras como llaman a ciertos grupos de animación, se les ubican principalmente en  América del Sur. Históricamente, países como Argentina, Uruguay, Chile y Colombia, han padecido la violencia de dichas organizaciones.

En México, el mote barra llega como una idea (pésima) de la directiva del club Pachuca. Para ello, contratan barristas sudamericanos que tuvieron como misión reclutar y organizar a jóvenes que a la postre serían pioneros en entonar cánticos con acento argentino, iluminar la tribuna con bengalas y sobre todo generar desmanes en cualquier plaza donde se presentaran.
Son precisamente esos mercenarios sudamericanos los que posteriormente se alquilarían con diversos clubes para fundar barras so pretexto de contrarrestar a la pachuqueña. Todo ello con el aval y patrocinio de los dueños de los equipos, federativos y medios de comunicación.

No obstante la influencia antes descrita, es importante hacer mención especial de los grupos de animación de los Pumas de la UNAM. Durante años, las porras universitarias se caracterizaron por ser agresivas, ya sea de manera verbal o física, los seguidores y jugadores del equipo contrario sufrían de la misma al visitar Ciudad Universitaria. Es precisamente ahí, en el estadio México 68, donde se registró la que hasta ahora ha sido la mayor tragedia en la historia del fútbol mexicano.

En 1985 durante el partido final entre Pumas y América, 10 personas perdieron la vida en el túnel número 29. Decenas de aficionados, entre ellos niños, quedaron atrapados en uno de los accesos al estadio esto provocado por el sobrecupo que presentaban las tribunas. El inmueble se encontraba atiborrado debido principalmente a que cientos de seguidores del equipo felino ingresaron dando “portazo”.
Las porras (ahora barras) universitarias, tuvieron su auge violento principalmente en la época de los 80’s. Los intereses políticos dentro de la propia universidad nacional, fueron el marco perfecto para que dichas estructuras gozaran de impunidad y patrocinio por parte de autoridades.
Personalmente conocí de todo ello al participar en uno de los grupos de animación en la preparatoria.

Y es precisamente a la ahora barra universitaria autollamada Rebel y a la del equipo América, La Monumental, dos de los grupos más violentos y exacerbados rivales, que se puede ejemplificar el monstruo de mil cabezas que han creado los propios dirigentes del fútbol mexicano.

La Rebel se adueñó no solo de las tribunas del estadio de CU, pues a base de protagonizar batallas campales dentro del estadio y amenazar a jugadores y directivos, también logró registrarse como marca utilizando el Puma universitario el cual le fue cedido por Arturo Elías Ayub, cuando este fungía como directivo del equipo con la supuesta condición de que la barra “se portara bien”.
Pero eso no es todo, adicionalmente se les otorgaron facilidades para comercializar sus productos (playeras, banderas, escudos, etc.) en las inmediaciones del estadio, todo esto sin mencionar los consabidos boletos para ingresar a los partidos, los transportes y viáticos para cuando el equipo juega de visitante.
Es decir, un verdadero negocio redondo cuyas ganancias son considerables y que por supuesto no sería nada extraño que parte de ellas llegaran hasta la directiva.

Por su parte, la barra americanista, La Monumental, tiene como principal semillero a las escuelas del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Al igual que su contraparte universitaria, goza de todas las “prestaciones” por parte del club azulcrema. Boletos, lugar preferencial en el estadio azteca, viáticos para viajes y difusión a nivel nacional por televisión, son solo algunas de las prebendas de las que este grupo se ha hecho a base de encabezar actos violentos en prácticamente todas las plazas donde se llevan a cabo juegos de fútbol profesional.
La estructura de La Monumental ha llegado a ser tan fuerte que lo mismo se les puede ver las tribunas de Santa Úrsula, en un mitin político o actuando como grupo de choque para desalojar a los habitantes de un predio irregular. Prácticamente se alquilan al mejor postor.

Pero hay mucho más en el negocio de las barras, para nadie es un secreto que dentro de las mismas se realiza narcomenudeo, surten de boletos a la reventa ilegal y tienen la fuerza suficiente para “reventar” entrenadores, jugadores y hasta directivos pues también son  patrocinados por promotores deportivos.

En todo este tema no podemos dejar de lado a múltiples actores que de una u otra forma han contribuido para que estos grupos puedan existir. Directivos que como ya hemos mencionado les recibieron con los brazos abiertos, les han patrocinado y les han cumplido sus exigencias, los medios de comunicación que han hecho apología del actuar de las barras, en cada uno de los juegos transmitidos por televisión les hacen tomas cercanas además de festejarles sus actos ¿cuántas veces no hemos escuchado en voz de los cronistas: “La Rebel no para de apoyar”, “La Monumental se hace sentir en el azteca”, ”La Perra Brava empieza con su espectáculo”, etc.? Y por supuesto las autoridades que no han valorado en su totalidad la peligrosidad de estas organizaciones y que cuando se han decidido a actuar en su contra, como fue en el caso del clásico tapatío, Atlas–Guadalajara, queda demostrado que no tienen la mínima preparación para hacerles frente.


Acabar con las barras no es tarea fácil, los intereses que representan son muy fuertes. Empero, son precisamente los que las hicieron parte del fútbol mexicano los que ahora tienen la obligación de si bien no desaparecerlos por completo, sí de acotar su poder y sobre todo acabar con la impunidad que gozan. 


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar

lunes, 10 de marzo de 2014

ENTRAÑABLE AMIGO

A: Alfonso J. Monge Rivas

Entrañable amigo:

Quiero que sepas que en estos días mi mente ha trabajado en exceso trasladándome a cientos de momentos y escenarios.

Por ejemplo, me ha llevado al día en que interviniste para evitar que la golpiza que en ese momento me propinaban fuera mayor.
Con ello reafirmé la idea de que siempre teníamos que protegernos.

De igual forma, tengo muy presente los días que al calor de la cervezas y el dolor por el desamor preparatoriano, entonábamos fade to black de Metallica.
Gracias a esos momentos aprendí a compartir el dolor.

Mi mente me ha llevado a sentir aquel disfrute de los conciertos de heavy metal a los que asistimos juntos, mismos que por cierto eran todo un ritual.
Sacudir nuestras cabezas al ritmo de tan poderosos acordes me ayudaron a entender que el júbilo se disfruta mucho más cuando la gente apreciada está cerca…

…Perdona que haga una pausa pero últimamente sufro de un maldito “nudo” en la garganta que solo puedo controlar respirando hondo, bebiendo un sorbo de café o encendiendo un cigarrillo…

…Así es entrañable amigo, los recuerdos se han agolpado en mi mente intentando llegar hasta donde tú estás.
De pronto me surgen escenas tan diferentes que van desde estar en el estadio apoyando a “Los Condores” de la UNAM y llegan hasta el día que me invitaste a ser testigo de tu boda.
Escenas mentales en las que puedo mirarnos sentados departiendo en plena reunión familiar o en la banqueta de la calle cercana a tu casa comiendo una quesadilla…

…Ahí viene de nuevo la molesta cerrazón de garganta…

…¿Sabes? Durante estas pausas me llegan más y más imágenes de nuestras andanzas. Como aquella en la que casi te rogué para que me acompañaras a una fiesta ¿Quién lo diría? En esa reunión conociste a quién a la postre sería tu esposa.

Por supuesto que dentro de toda esta remembranza no faltan nuestras familias. Sí, tu familia que desde la primera vez que me llevaste a tu casa me abrió las puertas no solo de su hogar sino de su corazón. Sí, mi familia que igualmente desde el día en que te conocieron hicieron lo propio para con tu persona.

Entrañable amigo, no quiero entretenerte más contándote todo esto pues seguro estoy que nuestras miles de experiencias juntos también están contigo, además de que debo confesarte que en un acto de egoísmo, pienso quedarme con muchos de esos recuerdos solo para mí.

Sin embargo, no quiero terminar sin antes agradecerte infinitamente por la complicidad, los consejos mutuos, las risas, las aventuras, pero sobre todo, por darme la dicha de poder afirmar que en ti encontré un verdadero amigo.


Ahora entrañable amigo, continúa tu viaje y descansa, descansa en paz.


Autor: Rubén Salazar Espino
rubsalazare@gmail.com
Twitter: @Ruben_Salazar