
MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
19 DE JULIO DE 2009
De los saldos electorales quedan varios asuntos que brincan de un lado a otro en los análisis. No hay muchas cosas claras en los partidos En primera todavía no se sabe qué es lo que quiere hacer el PRI con su victoria. Por lo pronto ha quedado claro que el triunfo priista, innegable, no es tan grande en el ámbito federal como se pensó en un principio. Pero eso parece no importar hacia adentro del priismo, lo que les importa es generar un ambiente que les permita sentir a ellos que ya ganaron 2012 y 2018.
Por lo pronto, ahora es el momento del jolgorio, el festejo y de estar todos felices y contentos. Lo mismo da una boda de la hija de uno de los caciques del Edomex, que la organización de cualquier junta de trabajo. Andan que no caben en sí mismos, sienten que es su momento de gloria, recorren sonrientes restaurantes y oficinas, se frotan las manos pensando que vienen otros 70 años para despacharse con la cuchara grande.
Han resucitado las viejas formas y ceremonias. El día de ayer los periódicos reportaban uno de los tradicionales eventos del priismo: el besamanos. En un hotel de la exclusiva zona de Polanco —hay que recordar que los del Revolucionario Institucional tienen clase y buen gusto, no va peleado ser líder popular con la ingesta de martinis o degustar alimentos en los restaurantes de moda: eso fortalece la conciencia revolucionaria— se reunieron todos los candidatos triunfadores con su feliz presidenta. Las fotos son reveladoras. Una hilera de diputados —con verdadera cara de diputados— están formados para saludar a doña Beatriz y, literalmente, besar su mano. Ella, encantada, no deja de recibir felicitaciones y trae al partido en un hilo para ver que decide: se queda presidenta del partido o se va de diputada. Aunque uno no sabe, a la mejor ya con la victoria tan sonada, ¿por qué no las dos? Por lo pronto ha dejado sentir que estrena huipiles de fina hechura propios de quien representa a los campesinos.
Mientras tanto en el PAN las cosas no parecen sencillas. Nadie le llena el ojo a los críticos de un lado o del otro. Deslinde en los propios grupos. En el colmo, hay quien se enorgullece de no coincidir con nadie. Apuestas al vacío, al boicot y al sabotaje. El PAN parece no encontrarse a gusto en la disciplina. Si no sabemos encontrar la manera de entendernos, la derrota en las urnas se hará más grande y las decisiones apremian. El partido debe solucionar con claridad y rapidez la elección de su nuevo dirigente, con uno o con cinco candidatos. Debe haber una manera de poder tener una apuesta en común. De lo contrario, los del PRI alargarán el periodo de festejos a cargo del panismo.
Y qué decir del PRD. Víctimas de la violencia doméstica, no saben qué hacer con el macho tabasqueño que los aporrea y amenaza, un día sí y otro también, con incendiarles la casa y llevarse sus pertenencias. Mientras todos en el vecindario ven que de la casa ya queda poco y que el tipo en realidad ya sacó sus pertenencias y vive en abierta poligamia. De cualquier forma y por si un día se aparece de nuevo con sus arranques de violencia, mejor le preparan su guisado y su tequilita. No se vaya a molestar.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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