
MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
26 DE JULIO DE 2009
Uno de los temas que llevan tiempo rondando en el análisis de medios es cómo tratar de manera ética y profesional ciertos temas del crimen organizado. La revista Nexos dedica un buen espacio a textos firmados por periodistas y conocedores de los medios de comunicación en el que reflexionan al respecto.
Leopoldo Gómez reflexiona sobre el reto diario de ubicar el periodismo diferenciándolo del sensacionalismo; Carlos Marín describe sus andanzas por publicar una nota. Otros cuentan anécdotas y hacen reflexiones. Y es que, en efecto, ¿dónde está la línea para no convertirse en una caja de resonancia del crimen?
Raúl Trejo Delarbre (estudioso de los medios) comenta: “La costumbre de exhibir como piezas de caza a los delincuentes capturados se ha convertido en parte de la cultura social y mediática…”. Cierto, las presentaciones de delincuentes, las caras de éstos, los reportajes de zonas donde aflora el narcotráfico son nuestra realidad mediática. Dice Trejo que los recados junto a las víctimas “tienen como destinatarios a otros delincuentes, o a las autoridades, pero también a televidentes y lectores de diarios”. A los capos, dice, también les ha seducido la exposición a los medios.
El siglo XXI tiene sus normas: todo es mediático. Nada escapa al ojo electrónico, a la voracidad por saber. Herramientas cada vez más inmediatistas, como lo es internet, exigen más información, no necesariamente mejor, pero sí más y en el momento preciso. Lo que obliga a los medios convencionales a preguntarse ¿cómo competir exitosamente con quien gana, no sólo la nota, sino el momento? Este tipo de retos —que suceden en todo el mundo— tiene a nuestros medios en el cuestionamiento de cómo salir airosos, sin hacer a un lado principios éticos (los que los tengan, claro). Lleva especial relevancia al hablar del tratamiento de notas o mensajes cuyo eje son criminales.
Fernando Escalante Gonzalbo escribió hace un par de semanas, en La Razón, un texto que me parece central para entender cómo determinados eventos ponen contra las cuerdas a los medios. Escalante ubica la participación de La Tuta en un programa de televisión y el efecto de la misma como suceso informativo. “Dice el asesino”, se titula el artículo en el que analiza cómo los medios de comunicación reaccionaron en el tratamiento de la nota.
Escalante es claro al desmenuzar las ocho columnas de los periódicos de aquel día y plantea el dilema: “¿Qué hacer cuando un asesino quiere usar la radio o la televisión para anunciar o amenazar?” Señala cómo los medios no pasan por ningún tamiz de escepticismo ante lo dicho por el narcotraficante. No se pone en tela de juicio la actividad del sujeto. Que sea un criminal, un asesino, un narcotraficante el que hiciera determinado ofrecimiento, no fue obstáculo para darle calidad de par del gobierno.
Sin duda estamos ante un tema controversial. Sin embargo, queda ahí la propuesta de Escalante, que me parece impecable, ante este tipo de informaciones lo primero es “no jugar a la neutralidad”.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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