
MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
2 DE AGOSTO DE 2009
El conflicto que se vive en Honduras es uno de los más representativos de lo que sucede en Centroamérica y en algunos países de América del Sur. Como se han dado los hechos, las formas, los eventos, las acciones, dichos y declaraciones de los involucrados obliga a prestarle atención al tema. No se trata solamente de qué es lo que se decidirá en Honduras con lo que algunos llaman “golpe de Estado” y otros “reacción lógica” ante un sujeto que le quiere “entregar el país a Chávez”. El hecho es que el presidente Manuel Zelaya fue depuesto y expulsado de su país en pijama.
Si bien es cierto que los países del continente reaccionaron en defensa de un presidente que había sido elegido democráticamente, lo cierto es que los afanes de Zelaya tenían y tienen poco de democráticos. La defensa de la democracia propició que Chávez quedara reinstalado en el poder de donde no piensa irse mientras tenga vida.
El caso ha revivido episodios de los 80 pero al revés. Ahora es Zelaya el que organiza milicias para ingresar a su país, y lo hace en Nicaragua, con el permiso del presidente Daniel Ortega, quien le facilitó, para tal efecto, la zona en la que se entrenó La Contra nicaragüense hace dos décadas, auspiciada por Ronald Reagan. Pareciera que esa zona, Ocotal, está destinada a ser campo de entrenamiento de mercenarios de cualquiera bando. Milicias populares de resistencia les ha llamado Zelaya a estos grupos, que uno de sus colaboradores describe como una “masa crítica” de simpatizantes. Están armados pero, dicen, actuarán de manera pacífica.
Mientras tanto, Daniel Ortega la emprende contra sus adversarios de una manera que recuerda más a Somoza que al Che Guevara. Uno de los perseguidos más ilustres es nada más y nada menos que Ernesto Cardenal. Promotor de la teología de la liberación y hombre clave en la revolución nicaragüense, es víctima de persecución oficial. Con 84 años de edad, Cardenal es el objetivo de Ortega, pues al poeta se le acusa de injurias ¡contra un empresario!, razón por la cual el revolucionario Ortega le congeló las cuentas bancarias. Cardenal recibió la semana pasada el premio de poesía Pablo Neruda en Chile, pero no tiene donde depositar el dinero obtenido en el certamen.
Joaquín Villalobos, ex comandante revolucionario en El Salvador, señaló hace poco en un artículo publicado en El País, el peligro que representa lo que está sucediendo en la zona. “La pacificación de los 90 abrió la esperanza de una institucionalidad democrática duradera, pero el fraude electoral de Nicaragua el año pasado y el reciente golpe en Honduras hacen pensar que las repúblicas bananeras están de vuelta”.
Nada parece aliviar la situación en una zona donde lo único recurrente ha sido el conflicto, el saqueo y las dictaduras de uno u otro bando. Son Estados débiles que no se pueden defender por sí mismos, sostiene Villalobos: “… igual los puede comprar un narcotraficante como El Chapo Guzmán o un dictador petrolero como Chávez”. La ideologización en ciertas partes de América Latina amenaza con regresar a escenarios de un conflicto populista de largo alcance si no se llega a una solución rápida y efectiva al tema de Honduras.
Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com
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