lunes, 31 de agosto de 2009

AUTONOMÍA RELATIVA


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
30 DE AGOSTO DE 2009

Durante los años que he tenido la oportunidad de publicar en este espacio, me ha dado vueltas la idea de ponerle un nombre a mi columna. Aquí escribo ideas, reflexiones, cuento anécdotas, emito opiniones y hago diversos señalamientos. Es un ejercicio de mi libertad, con mis capacidades y limitaciones. En la búsqueda del nombre correcto para la columna, encontré en un diccionario de comunicación —Conceptos clave en comunicación y estudios culturales (de Tim O’ Sullivan, John Hartley, Danny Saunders, Martin Montgomery, John Fiske, editado por Amorrortu)— una definición que se ajusta a lo que buscaba y que comparto ahora con los lectores:

Autonomía Relativa.- El grado en que los individuos (agentes) y las instituciones (agencias) a pesar de estar determinados por estructuras y procesos sociohistóricos más generales, se gobiernan a sí mismos, se autodeterminan y son capaces de obrar independientemente de aquellas fuerzas externas. El término es útil para plantear un problema general en el estudio de las sociedades, la cultura y la comunicación, y que se puede exponer en tres niveles analíticos distintos: estructural, institucional e interactivo.

En todos estos casos, y en todos los debates relacionados con las cuestiones que surgen de ellos, el problema central rara vez concierne a una autonomía absoluta o a una libertad ilimitada enfrentadas al determinismo total. Antes bien, interesa sobretodo el grado de autonomía relativa de fenómenos particulares, donde a la autonomía se la redefine dentro de ciertos límites o estructuras.
(pp. 41, 42).

Acorde con la definición, en efecto, todas mis opiniones tienen que ver con diversos límites y marcos referenciales, de los que salen mis ideas y opiniones, ya sea por vivir en una democracia, en un país de leyes y de instituciones o por decidir, de manera libre y personal, pertenecer a determinado grupo político o coincidir con ciertas ideas. La estructura de pensamiento, ideológica, cultural, y la propia experiencia son parte de mis alcances, pero también de mis límites, lo que no significa, de ninguna manera, falta de independencia.

En México, la autonomía relativa se da de manera natural y sin recurrir a ningún tecnicismo. Hay una vieja costumbre, arraigada en ciertas generaciones, que le quita a quien publica su independencia, de entrada. “Está pagado”, “ya lo compraron”, “responde a tales intereses”, “eso se lo dictó su patrón”, “solamente es un gato, tiene dueño”. En fin, parece no haber manera de poder demostrar que se piensa —poco o mucho— por sí solo.

Así pues, esta columna se llama a partir de hoy Autonomía Relativa. Seguiré ejerciendo mi libertad en la hospitalidad de MILENIO. Por supuesto, con los referentes, buenos o malos, pocos o muchos, de mi formación y deformación, de mis juicios y prejuicios, y con la autonomía relativa que quiera darme el lector.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

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