domingo, 16 de agosto de 2009

DE LA ALEGRÍA NACIONAL


MILENIO DIARIO
Acentos
Juan Ignacio Zavala
16 DE AGOSTO DE 2009

No ha pasado todavía la oleada de felicidad y jolgorio que proporcionó a los mexicanos el triunfo contra Estados Unidos el pasado miércoles en el Azteca. Los goles cayeron de distinta manera: el de los estadunidenses como balde de agua fría a los cuantos minutos de comenzar el partido. Los de México como un verdadero alivio, el del empate, y el segundo como el maná que cae del cielo, el alimento para la victoria. Después todo fue alegría, una especie de emoción colectiva, de dicha común: los goles como una de las formas de la felicidad nacional.

El mismo miércoles publicó en estas páginas Héctor Aguilar Camín un texto titulado El juego. Creo que es uno de los dos mejores artículos de Héctor en este año ( no he decidido cuál es el otro). Dice que el futuro previsible es el del dominio de los estadunidenses en este deporte y nos da los datos que le escuchó a Leonardo Cuéllar: en Estados Unidos, a todos los niveles y todas las edades se juega soccer y se tienen registrados 24 millones de jugadores, en la rama varonil, y 14 millones de mujeres; en México parece que solamente hay 400 mil jugadores. El destino a la vista.

Nuestro ser nacional tiene en su alma una dosis de antiyanquismo que no requiere de ninguna explicación ideológica. Es como si viniera en nuestro DNA. Esto a pesar de que nuestra economía depende en 80 por ciento de la de ellos; de que cada año pasan la frontera con miras a vivir allá, cientos de miles de conciudadanos. Nuestro turismo en gran porcentaje es de estadunidenses y no hay relación más importante para México, por muchas razones, que la que tiene con el vecino norteamericano.

No importa si jugamos aquí o allá. Si el partido es en Estados Unidos, más de la mitad del estadio la ocupan mexicanos que abuchean a los gringos; y qué decir del Azteca: los estadunidenses no sólo no tienen apoyo, sino que reciben la animadversión de la afición de mil maneras. Como dice mi hijo Juan: parece que contra México, Estados Unidos nunca juega de local.

La selección de futbol es para nosotros una especie de refugio del ánimo general. Ponemos en los partidos de la selección las esperanzas perdidas en nuestras vidas personales. Ese grupo de jóvenes tras el balón nos amargan la vida o nos ponen la sonrisa en la boca. Depositamos en el entrenador de la selección nuestra vida espiritual, lo hacemos el gurú que dirigirá nuestro entusiasmo, nuestro sentido del éxito o quien despertará en nosotros la rabia y la impotencia acumulada por las crisis y los fracasos. El entrenador de la selección es el hombre cuyo puesto todo el mundo conoce y todos saben qué es lo que debe hacer; cómo y cuándo hacer los cambios. El entrenador de la selección es el blanco de nuestras alabanzas y nuestros denuestos, y si es extranjero, peor.

El caso es que en esta ocasión gozamos de un buen partido, festejamos la victoria de nuestros seleccionados y saludamos el genio de nuestro entrenador, Javier Aguirre. Nos quedamos días con los comentarios del gran partido que se dio y que se ganó. Se comenta la satisfacción causada por la victoria deportiva que nos permite recuperar simbólicamente un cacho de patria. Ojalá nos dure.

Autor: Juan Ignacio Zavala
juanignacio.zavala@milenio.com

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