Después de las elecciones del 5 de julio, he leído y escuchado mucho acerca del regreso al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Efectivamente, el PRI obtuvo la mayor cantidad de votos a nivel nacional, se ha constituido como primera minoría en la cámara de diputados y conquistó triunfos muy importantes en estados y municipios que eran gobernados unos por el Partido Acción Nacional (PAN) y otros por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Esta victoria, ilusiona a aquellos “dinosaurios” que añoran los tiempos de oscurantismo político, devaluaciones, represión y corrupción que caracterizó a los presidentes priístas que han gobernado el país. Esos mismos, son los que le apuestan a la desmemoria de una sociedad que en su lucha cotidiana, parece haber olvidado los represores sexenios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, la corrupción y el nepotismo de José López Portillo, la insensibilidad ante la desgracia de Miguel De La Madrid, los asesinatos políticos, levantamientos armados y crisis económicas con Carlos Salinas de Gortari, y los errores y displicencia de Ernesto Zedillo.
Parados sobre el pedestal de su ego, los antediluvianos especimenes, promueven al gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, como la figura de su renovación estructural. Sin embargo, con el reciente nombramiento del millonario ex director de PEMEX, Francisco Rojas Gutiérrez, como su coordinador legislativo, así como las reuniones hechas públicas, que ha sostenido Peña Nieto con Salinas de Gortari, nos dejan ver con mucha claridad que el tan publicitado “regreso del PRI”, no es más que el “Parque Jurásico recargado”.
Por supuesto que de nosotros depende que todo quede en mera intención.
Autor: Rubén Salazar
rubsalazare@gmail.com
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